CORAZÓN HERIDO

Como veis los que seguís mi  blog, no todo lo ciño a la cocina, os hablo de pelis, música, libros. Se me puede conocer un poquito. Así que para conocernos un poco mejor os voy a decir como llegué a esta receta.

No soy muy dada al drama, pero reconozco que cuando me pongo dramática es difícil superarme. Así que cuando me pasé meses perfeccionando la elaboración de la poleá para una persona, que siempre me hablaba de los recuerdos de su infancia en torno a la poleá que le hacía su abuela, y esa persona rompió una promesa y no vino y no pudo probar mi exquisita poleá, la drama queen se apoderó de mi, y lo primero que hice fue una poleá sólida a la que le di forma de corazón, que rompí y le llamé corazón roto de poleá.

Pero por suerte, de casi todo en esta se puede sacar algo bueno y los dramas no duran para siempre. Yo tuve la suerte de que mi poleá sólida la probase alguien bastante reconocido en la gastronomía andaluza, y le gustó bastante.

Así que cuando en este San Valentín me encargaron un postre “de los tuyos”, es decir no querían algo cursi, sino con mi toque peculiar, se me ocurrió darle una vuelta al corazón de poleá, dándole mi toque gótico, por supuesto.

Por suerte los dramas del corazón pasan, pero un buen corazón de poleá ensangrentado os aseguro que es difícil de olvidar.

Ingredientes:

  • 80 g de harina de maíz
  • 120 g de azúcar
  • 1 l de leche
  • 1 cucharada de matalauva (unos 10 g) se puede sustituir por anís
  • Cáscara de mandarina o naranja (es mi versión, no le pongo limón)
  • 75 g de AOVE
  • 1 cucharadita de canela molida
  • 3 g de agar-agar o 15 g de gelatina
  • 100 g de chocolate blanco para derretir
  • Colorante plata
  • 150 g de frambuesas
  • 1 cucharada de café de azúcar
  • 2 cucharadas de agua

Elaboración:

Si vais a usar gelatina, separáis unos 200 ml de leche y ponéis las hojas de gelatina a hidratar.

Preparamos todos los ingredientes.

En una sartén se fríen la matalauva y la piel de mandarina, se cuelan y se reserva el aceite. Yo las cuelo sobre la cacerola que voy a hacerlas y así no pierdo aceite.

En la cacerola con el aceite se vierte  la harina y el azúcar y se va removiendo y se va añadiendo la leche poco a poco sin parar de remover, si solamente quisiésemos hacer poleá tradicional, removeríamos hasta que la mezcla tuviese una cierta consistencia.

La poleá se puede tomar templada, a mi es así como me gusta, o fría.

La canela se puede añadir a la mezcla, yo en mi caso la reparto en los cuencos individuales y ahí echo la canela. La poleá se acompaña tradicionalmente de picatostes de pan frito, pero a mi me encanta con fresas.

Pero esta vez la vamos a solidificar, así que durante la cocción o bien se añade el  agar-agar, o la leche con la gelatina y también una cucharadita de canela, ya que luego no se la vamos a espolvorear.

Aunque ambos solidificantes son eficaces en frío, no hay que dejar de cocinar y remover hasta que la poleá espese con su consistencia habitual.

Forramos un recipiente con papel film y de jamos una longitud del mismo fuera que nos sirva para cubrir, la mezcla debe alcanzar unos 2 cm de altura, la extendemos  bien y la cubrimos con el papel film como hacemos con la bechamel de las croquetas.

Lo guardamos en la nevera, lo ideal es hacerlo de un día para otro para que solidifique bien, cuando la saquemos, la volcamos y con un cortapastas sacamos los corazones, los trozos que sobran no los tiréis, no serán bonitos, pero siguen estando igual de ricos. A mi me salieron dos grandes y cuatro pequeños, eso dependerá del tamaño de vuestros cortapastas.

Para cubrirla derretimos chocolate blanco al baño María y le añadimos colorante alimenticia de plata, es un colorante que cubre muy bien con poca cantidad.

Ponemos los corazones sobre una rejilla y les echamos la mezcla, con un pincel de repostería lo pasamos transversalmente para darle al corazón un aspecto rallado (si con “ll”) desgastado.

Para la “sangre” trituramos cualquier fruto rojo que os guste, yo lo hice con frambuesas, un puñado azúcar al gusto y un par de cucharadas de agua, para darle un efecto más sanguinolento le he añadido un poco de colorante rojo.

Y ahora a montarlo, haceros con espaditas de las que ponen en las banderillas o para adornar los cócteles, se lo clavamos en una esquina al corazón y dejamos que por ahí resvale la frambuesa como si fuese sangre.

Y ya podemos celebrar tanto San Valentín, como Halloween o el corazón de Espoz y Mina de la fantástica novela Voraces.

Escuchando a Marilyn Manson

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